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Reencuentros
Diciembre 3, 2009 Por Redaccion
Se tragó el miedo y vomitó silencio. Para que fuera la “perfecta noche de verano” no podía estropear la velada con palabras inoportunas. Apareció en el concierto con la única minifalda que tenía, como si sus piernas nunca hubieran vestido otra cosa, y una sonrisa con brillo de labios, ensayada durante los últimos seis meses. Después del reencuentro, las copas y la euforia de la música, subieron al coche. “¿Vas a quedarte a dormir?” dijo él, con la misma indiferencia con la que el adolescente camarero del burguer pregunta si prefieres ketchup o mostaza.
Como experta en errores, no dijo nada, y dejó que la llevara pasillo adelante, le quitara la ropa, la cubriera de besos, y le prestara su pijama.
Del baile vertical pasaron a los abrazos horizontales. En la cama se vuelve a lo más esencial de los sentidos, de manera que éstos destaparon el lenguaje de la piel y de los pliegues de sábanas. Pero la chica de una noche de verano tenía pasado y memoria. Aquellas manos no era la primera vez que repasaban ese cuerpo. Así que después de tantas horas disfrazándola, los besos acabaron también por desnudar la verdad.




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