Imprímelo solo si es necesarioCulillo de mal asiento
Diciembre 17, 2009 Por Redaccion
La vida está llena de ciclos. Unos los provocas tú. Otros te vienen dados por la fortuna. Cuando uno de ellos comienza, nunca se sabe cuándo acabará. Pero, al menos en mi caso así lo pienso, no cabe duda de que finalizará.
Hace un año y tres meses decidí venirme a Madrid para iniciar un camino profesional en la Cruz Roja. Atrás se quedaban muchos años (11) trabajando en el mundo de los medios de mi ciudad. 15 meses después de llegar a este rompeolas patrio, pongo fin a la aventura que me trajo.
Hoy, jueves ya, es mi último día de trabajo en la Oficina Central y su Departamento de Comunicación. A partir de enero se abre una nueva puerta profesional que me devuelve al mundo audiovisual y que me tiene ilusionado y expectante. Ya daré detalles del tema.
Ahora toca cerrar esta puerta con dignidad. Dejar la llave bajo el felpudo y sonreír al recordar los buenos momentos, dejando atrás los que no lo fueron tanto. Hoy me miro al espejo y me siento satisfecho, si no tanto de mi trabajo, sí de haber creado una atmósfera agradable a mi alrededor. No me llaméis presuntuoso. A esa conclusión he llegado al escuchar lo que me han ido diciendo mis compañeros al saber que me marchaba. Y pienso que, al final es eso lo que importa. Que durante el espacio de tiempo (el ciclo) que coincides con un grupo de personas, seas capaz de conseguir que cuando te recuerden lo hagan con una sonrisa.
Hoy son muchos los nombres que se quedan en el camino: Elena, Juanjo, José Luis, Laura, Parodi, Mariángeles, Jaime, Begoña, Miriam, María, Elisa, Pepe, Bará, Octavio, Cuevas, Marta…
Los ha habido especiales: Teresa, y sus gafas para oír mejor; Laura y su inocencia; Eva, mi reservada canariona, la otra Eva, mi archienemiga, Charo y su sonrisa… Antonio, Belén y Mayte, y ese “peaso” tele, cuyo patrón es San Juan del Parto.
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