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La red
Diciembre 21, 2009 Por Redaccion
Fue en 1999 o tal vez en pleno año 2000, que por primera vez oí hablar de los foros y el chat del diario El Mundo. Envueltos en una nube de cambios, quienes entrábamos a ese sitio casi secreto de los ordenadores, sabíamos que inexorablemente todo lo que estábamos haciendo, más temprano que tarde, había de mudar de forma.
Cuando los temas de conversación se acabaron y aquello se convirtió en un sitio desconocido, la mayoría emigró: algunos hacia las nacientes bitácoras o weblogs, otros se hicieron a si mismos la promesa de escaquearse para siempre de la red porque se dieron cuenta de que estaban enviciados, pero volvió en cuanto se dio cuenta de que mucho de lo que sucede en el mudo, pasa exactamente aquí.
La mayoría volvió a las fuentes, pero convertido en internauta 2.0, dispuesto a opinar de todo y sobre todo, sin que ningún tema le sea ajeno.
Ya hemos llegado las redes sociales, Feisbuc y demás, que son una versión descafeinada de aquellos foros en los que se sacaban chispas las inteligencias amateurs más preclaras de la red española.
Tanto en el chat literario como en los foros, un tal “Lobo”, que a veces entraba como “Sherif Lobo” o como “Señor Lobo”, se ganaba el amor de las damas y el odio de algunos caballeros que nunca aguantaron su petulancia y su falta de corrección política, que digámoslo, nunca fueron tales.
“Fray” deleitaba a la concurrencia con sus rimas y cuartetos inventados al socaire de alguna palabra que le iban diciendo los demás contertulios.
“Amarilis”, que un día anunció que se retiraba, para nunca más volver por lo menos a esos lugares por los que incluso se decía que había conseguido un gran amor, era una de las estrellas de los foros, con unos magníficos sonetos que tal vez hayan sido pasados en blanco, es decir a un libro de papel, esa obsolescencia que aún amamos. O tal vez se perdieron en los cúmulos ninbus de la red, el día que los administradores del foro le dieron de baja a sus tres secciones, “Narrativa”, “Poesía” y “Cajón de sastre”, al que algunos llamaban “Cajón desastre” y que correspondía a lo que algunos llamarían el “rubro ensayos”.
Poco tiempo antes, cuando aquello se convirtió en un aquellarre de insultos sin sentido que iban y venían, un tal “superpollo”, decidió fundar otro foro, que con el nombre de “Café de Artistas”, sigue funcionando. Sería un heredero de los foros literario del mundo si no fuera porque su calidad es notoriamente inferior, con las consabidas excepciones del caso.
Para esta -digamos- segunda época de los foros, ya muchos eran amigos y llegó a haber una “kedada” en Córdoba, a la que asistieron “Bellisa” y algunos otros poetas.
La bellísima argentina-canadiense “Cancillera” dio la nota, al presentarse sin previo aviso: llegó desde París, donde vivía en ese entonces.
La noche siguiente fuimos de tapas y no faltaron los hicieron buenas migas entre ellos. He sabido que varios se siguen escribiendo e incluso se visitan, pero ya no es lo mismo. Ni era lo mismo en ese entonces.
Esa noche de Córdoba faltaron a la cita los más inteligentes, los más divertidos, los más repentinos en sus respuestas siempre chispeantes, llenas de vida, cargadas de un español actual y -a la vez- con la seguridad de una gramática de hierro. No digo que todos, pero sí muchos.
El buen momento literario del diario El Mundo, duró lo que un suspiro, como todas las cosas buenas. En aquel tiempo a varios se nos convirtió en un peligroso hábito.
He sabido de alguna mujer que se pasaba horas de visita, conversando en el chat, perdiendo el tiempo en el trabajo. Cuando un día no apareció más, no faltó el malévolo que dijo que la habían despedido, otros averiguaron que sus jefes simplemente quitaron el ordenador de su lugar de trabajo, para que no se tentara más. Eso dijeron, por lo menos.
De vez en cuando en este vasto y casi infinito mundo de la red, en alguna conversación perdida con los amigos, se filtra un desconocido con alguna respuesta brillante. A veces me asalta la tentación de preguntarle: “¿eres Tal?, o ¿eres Cuál?, en la esperanza de reencontrarme con algunos amigos de entonces. Pero nunca lo hago, para qué. Cliquear en internet también es una tarea riesgosa y si bien no he jugado nunca en el bando de los alarmistas, prefiero cuidarme, a mi edad ya no estoy para ciertos trotes desagradables.
Ahora sé que este es un mundo con amistades muy frágiles, que quien tiene miles de amigos en Feisbuc a veces en la vida real, cuando se aparta de la pantalla del ordenador, es un solitario sin remedio ni compostura.
Que hoy escribo para este diario, pero mañana bien podría estar enviando mis crónicas a un weblog, que hizo un ecuatoriano que vive en Alemania, para inmigrantes bolivianos en Francia.
Quien quiera relacionarse solamente por la red, debe saber que navega en mares procelosos y que a veces lo que parece que es, no es y lo que no es ni parece, en realidad es.
Que son ciertas las máximas con que Xavier nos hizo desayunar hace doce o trece años: “Hombre, que con internet no va a haber excusas en el conocimiento”, era una. “Es la hora de una verdadera democratización del conocimiento”, otra. Y “una inteligencia de Tarragona competirá en igualdad de condiciones contra otras de París, Estambul, Nueva Orleáns, Tokio o Caracas”.
En un sitio que es puro cambio, todo devenir y presencias virtuales, había lugares que entonces quizás existían en nuestra imaginación, como http://elmundolibro.com, del que quizás algún rastro quede todavía hoy, con su foro y su cíber café de Pombo. Que otorgaban el anonimato necesario para que quienes frisábamos los 30 o os 40 y ahora andamos por los 50 o más, nos entrenáramos en este otro universo paralelo al que pronto quizás nos mudemos definitivamente.
Vivir, respirar y amar en el mundo real, talvez dentro de unos días sea una utopía tan grande como la de aquel tiempo, cuando nos maravillaba conversar con un islandés, criado en Méjico, casado y divorciado de una argentina y actualmente cursando estudios de uno de los tantos quechuas bolivianos sólo porque algún día quiere visitar el Titicaca, por el que camina todos los días, moviendo leve y velozmente los dedos.
Dicen que a la red le faltan los olores para ser perfecta. Yo creo que también carece de fatiga. Y dolor del bueno.







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