Imprímelo solo si es necesarioUn libro de tapas azules (1/5)
Febrero 6, 2010 Por Redaccion
Yo tenia una pequeña tienda con cientos de libros llenos de palabras, y ella una mirada que no podía ser definida por ninguna de ellas.
Entro por primera vez una tarde de diciembre, al tiempo que sonaban en mi desvencijada radio inmensos gritos de alegría y explosiones de risa. Era un 22 de diciembre y los afortunados con el Gordo de la Lotería exhibían su contento y futuro a quien quisiera oirlos.
La puerta se abrió, y mis ojos, en un gesto tan inconsciente como repetido, se dirigieron a la entrada. En ese mismo instante, andaba yo enfrascado en escribir algo medianamente decente, y me colgué de manera indecente de su mirada. “Mirada de mil sonrisas”, escribí de repente, haciendo salir la frase de la boca de un asesino malcarado a punto de cumplir su cometido, con lo que una bola de papel arrugado volvió a marcar un tiro de dos puntos.
Y debajo de las sonrisas, un cuerpo de regalo envuelto en un vestido blanco y negro que hacia parecer todo lo que pudiera mirarse precisamente en esos dos colores, menos su rostro, sus labios, sus rincones.
Aquella primera tarde comenzó a pasear sus sonrisas hechas miradas por los libros de las estanterías, tras un tibio y típico buenas tardes. Cogiendo algunos, abriendo menos, y sin hablar o mirarme. Asesinado mi asesino por su mirada, no lograba ni media frase coherente, asi que mis ojos la seguian. No lograba evitar admirar su cuerpo, la manera de que sus piernas la movían, la curva de su pecho al contraluz. Sus labios entreabiertos murmurando al leer el título del libro entre sus manos. La verdad es que comencé a envidiarlos. Su mirada les recorría, sus dedos acariciaban sus cubiertas, su mente recogía sus palabras.
Cuando después de una de las miradas furtivas, pero constantes, que la seguian por la tienda volví a dirigir mis ojos al papel….
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