Imprímelo solo si es necesarioGoogle: Marcando Estilo
Marzo 8, 2010 Por Redaccion
No hace tanto tiempo, antes de existir el e-mail, mandábamos cartas. Las escribíamos en un papel adecuado, las metíamos en un sobre, comprábamos un sello en el estanco, las echábamos al buzón y esperábamos pacientemente varios días hasta que llegaban a su destino.
Un ritual que ahora se nos puede antojar, cuando menos, lento, inseguro y caro. Aunque el e-mail tal y como lo conocemos data de mediados de los años 70, no es hasta bien entrados los 80 que se empieza a “popularizar” su uso. Recuerdo que en aquellos tiempos (que “antiguo” me siento al decir esto) era habitual llegar a casa, abrir el buzón y recoger varios folletos publicitarios de todos los colores y sabores.
Sí, entonces también existía algo parecido al spam, aunque en un grado mucho menor, debido en parte al coste económico de spamear (en aquel entonces “buzonear”). Así pues, entre el spam buzonero, y las facturas que cada vez poblaban con mayor asiduidad nuestro buzón, eran habituales conversaciones tales como esta: ELLA: “¿Has mirado el buzón?” EL: “¿Para qué, si sólo van a haber facturas?” Si alguna vez, de niños, habíamos deseado que se abriera el buzón para comprobar si de él salía algún manjar exquisito en forma de pamfleto, postal o carta de algún/a amiguit@, ese momento quedaba muy lejano.

















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