Libertad!
January 4, 2012 Por Redaccion
Libertad. Sin ella nada es posible, ninguna acción cierta es realizable. ¿Qué otro valor nos sitúa en el mejor escenario, para emprender ese cambio, que tanto temor nos causa?
Muchas veces elegimos el silencio, como escudo protector ante una realidad que nos disgusta: En nuestro hogar, el trabajo, o en la sociedad que entre todos conformamos. Callar para evitar la confrontación es parte del folklore cotidiano, como si fuera la solución mágica a los eventos que se mantienen pendientes por resolver.
Vivimos encarcelados en el presente. Y asànos encerrarnos y sujetamos con fuerza esa visión en particular que nos aleja de la realidad, la misma realidad que pretendemos negar.
Si el matrimonio es un fracaso, callamos por el dolor que a nuestros hijos les podamos causar.
Si en el trabajo nos maltratan, y nos pierden el respeto al punto de humillarnos, callamos por la necesidad del ingreso mensual que percibimos, y por temor a ser echados y quedarnos desprotegidos.
Y si una administración pública, en el ejercicio del poder que la mayorÃÂa del pueblo le otorgó, impone ideas que terminan vulnerando el derecho de otros, también callamos, por temor a ser señalados, como traidores al gobierno popular de turno.
Cierto es que las mayorÃÂas se vuelven hostiles. En ese espacio los miembros que la componen se sienten invencibles al fusionarse en un solo pensamiento, influenciados y conducidos por uno o varios lÃÂderes, sin miras por parte del resto, de consensuar un juicio individual y diferente.
Y si estos grupos nos juegan en contra ya sea en el núcleo familiar, el trabajo o nuestro entorno social, corremos con desventajas para cobrar valor, y defender nuestro discernimiento.
Es en este punto que adoptamos diferentes ropajes, para pasar desapercibidos y evitar el dolor de liberarnos.
Nos refugiamos en el silencio que lastima, y atrapa la angustia en nuestro sentir, un poco para ocultarla y otro poco para aferrarnos a ese tiempo en que fuimos libres; incluso nos escondemos en el lamento permanente que tomamos como hábito cotidiano, y que nos brinda una máscara lastimosa de vÃÂctima errante, percibiéndola equÃÂvocamente, como dadora de beneficios en nuestro pequeño y seguro entorno social.
Este sigiloso dolor, es el mismo que al registrarlo y contenerlo en un profundo abrazo, nos provoca un cimbronazo a la razón, y desnuda a su paso las emociones, para aplacarlas. Tanto le tememos al sufrimiento que preferimos eludirlo, antes de afrontarlo.
Verdad. Nos resistimos a ella, y sabemos que al hacerlo nos declaramos prisioneros de un engaño que nosotros mismos nos impusimos, sin saber cómo arreglarlo. Elegimos una y otra vez a la mentira para no sobresalir con notas, que entre otros se distingan.
Pero todo tiene su lÃÂmite, incluso estas mentiras y silencios que, temerosos compramos.
Si resistimos al dolor y no morimos en el trayecto, el orgullo fluye irremediablemente. Brota incontenible ante los reiterados golpes a nuestro pensar y sentir, y cuando tocamos este particular extremo solemos reaccionar impulsivamente para romper esta penosa relación con ese contexto.
Es en este preciso instante, que un grito de libertad nos despierta y nos anima a vivir a como dé lugar. Espero encuentres el tuyo, en el nuevo año que está por comenzar.
Ricardo Raúl Benedetti
http://www.ricardobenedetti.com













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