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La quimera económica

Enero 14, 2012 Por Redaccion  

Cuando jugamos a la lotería todos somos concientes que para ganar el gordo hay que tener mucha suerte, dicha suerte se puede expresar en términos matemáticos como una posibilidad entre 600.000 (Lotería Nacional), o 1 entre 13.983.816 (La Primitiva). Es decir que al menos 600.000 personas tienen que jugar comprando un billete para que el afortunado con el número premiado se lleve el gordo, para explicarlo en pocas palabras.

Se trata de un juego, con reglas tan simples como atractivas a la vez: Muchos ponen poco, para que pocos ganen mucho, parece un trabalenguas pero funciona.

Si le preguntamos a un matemático que probabilidad de ganar el premio mayor comprando un billete nos dirá que casi nula. Sin embargo la ilusión nos hace creer que esas escasas posibilidades son mucho mayores cuando apostamos por un número y en ocasiones llegamos a estar convencidos de tener el premio casi asegurado. En este fenómeno psicológico radica gran parte del atractivo del juego.

Este mismo sistema se ha trasladado a la economía global y al mercado financiero, la diferencia fundamental es que no es un juego, se trata de nuestras vidas y la de nuestros hijos.

Todo el sistema económico funciona con las mismas reglas simples de la lotería: Muchos ponen y pocos se la llevan, y cada vez son menos los que disfrutan de la fiesta.

Nos muestran ejemplos exitosos como el de Cristiano Ronaldo o el pibe de Facebook que alcanzaron rápidamente fama y fortuna y todos confiamos en ser los próximos agraciados del sistema. “¿Cómo no me va a tocar a mi?”.

La cruda realidad es, estadísticamente hablando, que tenemos menos oportunidades de ser ricos trabajando que jugando a la lotería.

“No es verdad que todos aportamos equitativamente al pozo común”.

Aquellos que trabajan por cuenta propia o ajena están empadronados en una comunidad, tienen un número de seguridad social y todos sus aportes están registrados en hacienda, es muy complicado para este tipo de aportantes evadir sus obligaciones fiscales. Sus ingresos son para satisfacer básicamente las necesidades propias y de sus núcleos familiares, los pocos ahorros que con gran esfuerzo pueden conseguir tampoco se escapan a las obligaciones impositivas que les corresponden.

Pensemos que en una familia tipo de cuatro integrantes, con suerte, sus dos integrantes adultos trabajan por un salario medio de 1500€, esto suma 3000€. Supongamos que gastan 800€ en la vivienda, 300€ más en gastos de servicios, si tienen un coche les insume unos 300 ó 400€ entre cuota, consumo, impuestos, 150€ más se van en seguros, 500€ en compras de comida, artículos de limpieza y demás cosas varias, y nos faltan sumar gastos de ropa, actividades recreativas y educativas, etc, etc.
Si sumamos las cifras parciales nos damos cuenta que sin exagerar los gastos, mucho no pueden ahorrar. Estas dos personas físicas que se sienten afortunadas por estar trabajando, están pagando IRPF, sobre todos sus gastos mensuales el 18% corresponde al IVA y si tienen una hipoteca sobre la vivienda un porcentaje muy importante de la cuota mensual es interés que se llevan los bancos más todos los gastos que les cobran por estar obligados a operar su dinero a través de ellos.

Aproximadamente entre el 45 y 60% de toda esta masa de dinero de las familias que están en esta franja socioeconómica va a parar a las arcas del estado y de las entidades bancarias. No es poco, ¿verdad?, tampoco son pocas las familias que comparten esta realidad cotidiana.

Los que son aún más afortunados y tienen mayores ingresos también tienen más gastos, un segundo coche, una casa más grande, etc, es decir que la relación no cambia. Los que están por debajo de esa franja media se dedican a sobrevivir como pueden y tampoco son la excepción a la regla.

Son aquellos que tienen grandes beneficios los que se escapan de esta realidad. Sería absolutamente razonable, un ejercicio de solidaridad y responsabilidad cívica también, que por tener mejores ingresos aportaran más al tesoro público pero es precisamente en este sector donde se rompe la regla.
Esta sociedad occidental y cristiana donde vivimos y nos educamos tiene como modelo y meta de la vida el llegar a ser rico, está muy claro porqué (este es otro de los motivos por los cuales tanta gente juega a la lotería). Las mejores casas son las más caras, al igual que los mejores coches y las chicas más guapas y los mejores hoteles, la ropa más fina y elegante, la comida selecta y podríamos hacer una lista interminable de objetos materiales que verifican esta teoría de por qué nos atrae tanto la riqueza.

Consideramos que los mejores trabajos son los mejores remunerados, los mejores futbolistas son los que tienen los contratos millonarios, lo mismo sucede con las modelos y actrices y demás profesiones. No se concibe la realización profesional si no va acompañado de un patrimonio económico importante. El no tener dinero se considera el fracaso personal ya que el acceso a poder disfrutar de los grandes placeres terrenales es muy costoso, hablando en plata.
He aquí una de las grandes contradicciones de nuestro sistema. Los que tienen la oportunidad de hacer más dinero de lo habitual se ven tentados a romper las reglas, a ser más egoístas, ambiciosos y no solidarios con sus semejantes ya que el modelo premia a los que llegan a la cima sin importar cómo lo consiguen.

Todos los que pertenecen a los sectores que obtienen varias veces lo necesario para satisfacer sus necesidades tienen muy claro que este juego consiste en acumular y no en aportar. Por ese motivo inventan todo tipo de fórmulas para no desprenderse del dinero, al contrario, lo que buscan es incrementarlo. Saltarse las reglas es la base de toda fortuna.

El estar en una situación de privilegio se corresponde con evadir las responsabilidades personales y hacer uso abusivo de dicha posición ventajosa frente a los demás.
Nos hemos impuesto un falso modelo, hemos tergiversado el sentido de la vida. Estos objetivos banales, mezquinos y superficiales no hacen otra cosa que engendrar el odio y el enfrentamiento entre los seres humanos. La forma más sencilla de sostener este sistema perverso es manteniendo viva la falsa ilusión de que cualquiera puede ser rico.

No, todos no podemos ganar la lotería, pero sí podemos ganar una vida digna y plena. Solo hay que renunciar a los privilegios, respetar las reglas de juego y abandonar definitivamente el paradigma de la riqueza material.

Pablo Guiducci
Redacción
Diario de la Sierra

pabloguiducci@diariodelasierra.es

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Comentarios

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Una respuesta to “La quimera económica”

  1. Bitacoras.com on Enero 14th, 2012 23:04

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Cuando jugamos a la lotería todos somos concientes que para ganar el gordo hay que tener mucha suerte, dicha suerte se puede expresar en términos matemáticos como una posibilidad entre 600.000 (Lotería Nacional), o 1 entr……

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