web analytics
Publicidad
  900 100 009

Imprime esto solo si es necesario Imprímelo solo si es necesario


La Columna del Jueves

Enero 19, 2012 Por Redaccion  

Una investigación de la Universidad de Texas (Estados Unidos) ha demostrado que caminar unos 10.000 pasos al día a buen ritmo, “como si uno fuera a perder el autobús” puede ser tan eficaz como un segundo medicamento para casi la mitad de los pacientes decididos a cambiar su rumbo vital.
-Pero esos son muchos pasos, y yo ya soy mayor, o soy muy joven, o no tengo tiempo, o nunca caminé –podemos pensar.
Bueno, no es obligatorio, pero cambiando nuestra visión sobre lo que es posible –concluye el informe- podemos ser más, hacer más y vivir más.

Al leer la noticia me acordé de las veces que hemos oído que nuestras creencias, en cuanto a nuestro potencial, son autocumplidas; que somos creadores de profecías que se auto cumplen. No son necesariamente ciertas por sí mismas; nuestro pensamiento las hace ser ciertas.

Y me acordé de esta historia, de principios del Siglo XX: Durante más de 50 años de competición ningún atleta superó el record de la milla marcado en el año 1903.

El entrenador olímpico del equipo británico, Harry Andrews, vaticinó en cierta ocasión:

-El record de la milla de 4 minutos, 12 segundos y 75 centésimas, jamás será superado.

Los expertos en medicina tomaron partido alertando a los atletas del riesgo que suponía intentar correr una milla en menos de 4 minutos. La comunidad científica determino que “era físicamente imposible para un ser humano correr una milla en menos de 4 minutos, que el cuerpo no soportaría tal esfuerzo y que el corazón, literalmente, explotaría”

Quizás como resultado de esa creencia generalizada, en los siguientes 50 años, muchos atletas prácticamente igualaron el record de Harry Andrews pero ninguno lo superó.

Un día, el joven corredor británico Roger Bannister anunció públicamente:

-Correré la milla en menos de 4 minutos. Estoy decidido. Romperé esa barrera.
Fue criticado por ello.

El 6 de mayo de 1954, después de varias caídas y decepciones, en una carrera en la Universidad de Oxford buscó de nuevo lo que parecía imposible.

-A sólo 5 metros de la línea de llegada –dice en su libro “La milla de los 4 minutos”- sentí que se alejaba. Estos últimos segundos parecieron eternos. Los brazos de todo el mundo estaban esperando para recibirme, pero sólo si lograba llegar a la meta sin disminuir la velocidad. Si fallaba, no habría brazos que me sostuvieran y el mundo sería un lugar frío y esquivo al haber anunciado algo y luego haber quedado al borde. Dí un último salto hacia esa línea de llegada que se escapaba como quien da su último salto para salvarse de las garras de un león que tratan de atraparlo. Había dado lo mejor de mí y el resultado ya no estaba en mis manos. Tal vez por eso caí inconscientemente con los brazos abiertos a cada lado de mi cuerpo. Fue entonces cuando comencé a sentir un dolor que hasta ese momento no había sentido. Noté que mi cuerpo explotaba y yo no deseaba vivir. Seguía existiendo en el más pasivo de todos los estados físicos y perdí la consciencia. Mis brazos y mis pies estaban encalambrados. Supe que lo había logrado antes de oír el tiempo oficial pero el cronómetro tenía ahora la última palabra. De repente vino el anuncio:

-El resultado de la carrera de la milla: tiempo oficial, 3 minutos… No puede oír el resto, ni creo que nadie pudiera. Los gritos de entusiasmo y la algarabía del estadio lo llenaron todo. Lo había logrado.

El record de 3 minutos, 59 segundos y 4 décimas batido esa tarde, no duraría mucho tiempo. Un mes después, el corredor australiano John Landy lo batiría. En menos de un año, 37 atletas superaron la marca de Bannister. Y al año siguiente, 300 atletas corrieron la milla por debajo de los 4 minutos. Hoy, estudiantes universitarios rompen a diario la marca, algunos sin saberlo.

Cuando le preguntaron al propio Bannister cómo tantas personas pudieron batir el record en tan poco tiempo, respondió:
-No es que el ser humano se haya vuelto más veloz de repente. Ni que la milla haya encogido. En realidad nada ha cambiado. Una vez más vemos que no fueron nuestras barreras físicas, sino las mentales y emocionales las que nos impidieron superar esa marca en cinco décadas. Fueron nuestras propias barreras mentales y emocionales las que nos mantuvieron estancados. Lo único que han hecho los atletas es desaprender lo aprendido, es decir, sacarse de su mente una creencia falsa, limitadora y errónea, que les ha impedido utilizar todo su potencial y correr a toda plenitud.

“Imposible” es aquello que nadie hace, hasta que llega alguien y lo hace. Loa que dicen que algo no puede hacerse –explicaba Edison a los críticos- no deberían estar interrumpiendo a quienes ya lo están haciendo.

Germán González Andrés
Formador Empresarial Independiente

www.germangonzalez.com

info@germangonzalez.com

  • Share/Bookmark

Noticias recientes







Comentarios

This website uses IntenseDebate comments, but they are not currently loaded because either your browser doesn't support JavaScript, or they didn't load fast enough.

Una respuesta to “La Columna del Jueves”

  1. Bitacoras.com on Enero 19th, 2012 11:55

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Una investigación de la Universidad de Texas (Estados Unidos) ha demostrado que caminar unos 10.000 pasos al día a buen ritmo, “como si uno fuera a perder el autobús” puede ser tan eficaz como un segundo medicamento pa……

Deje su comentario.

Esta es la opinión de los Internautas, no de Diario de la Sierra. Puede dejar también una foto para mostrar o un gravatar!