Imprímelo solo si es necesarioLas Matemáticas del Engaño
Pablo Guiducci
Enero 28, 2012 Por Redaccion
La idea de que el universo no responda a un patrón lógico determinado es algo que nos ha atormentado por los siglos de los siglos. Es por eso que los hombres buscaron, de tiempos inmemoriales, la forma de descifrar los misterios de la naturaleza a través de sistemas formales.
Los Pitagóricos fueron tal vez los mayores exponentes de este grupo de personajes, esta organización griega de astrónomos, matemáticos, músicos y filósofos creían que todas las cosas son, en esencia, números. Buscaban en la práctica de las matemáticas entender el funcionamiento de la naturaleza.
Este noble esfuerzo por alcanzar el conocimiento se convirtió en el fermento multiplicador del desarrollo científico y tecnológico y las matemáticas se consolidaron como el lenguaje emblemático de la lógica exacta. Este pensamiento crítico se oponía frontalmente a la visión mística propia de las religiones y los esoterismos.
En un mundo lleno de incertidumbre y misterios contar con una disciplina que se basa en cálculos exactos y proporciona resultados certeros produce una sensación de alivio, por lo menos en mi caso.
Sin embargo este proceso riguroso de búsqueda de la verdad se ha visto distorsionado y envilecido por la ambición desmedida de quienes han forjado un sistema engañoso, donde el lenguaje matemático se ha convertido en la lógica de la perversión, el arte del ocultamiento. Son los sofistas de la actualidad, los maestros del ilusionismo disfrazado de ciencia.
La Economía que se sostiene sobre modelos matemáticos y cuyo lugar hoy, en las sociedades modernas, está por encima de todas las cosas, acepta una serie de principios adulterados y los impone mundialmente con carácter de verdad revelada, un nuevo dogma religioso del cual no se puede dudar.
El sistema monetario y el mercado globalizado de capitales se han transformado de tal manera que en lugar de ser instrumentos al servicio de las sociedades se han convertido en un fin en sí mismo. Son el cáncer de los cuerpos sociales que van necrosando los tejidos de las economías regionales para aumentar el tamaño anómalo de sus células centrales enfermas.
Los mercados financieros determinan arbitrariamente el valor del dinero, imponen intereses usurarios sin ningún respaldo de las economías reales, son el corazón que bombea a su antojo el torrente dinerario. En lugar hacer fluir la sangre para que el cuerpo crezca y se desarrolle en plenitud disminuyen drásticamente la irrigación en sus órganos más sensibles y sus tejidos comienzan a morir sin percatarse de que todo el cuerpo está condenado a sucumbir.
Pongamos un ejemplo sencillo para graficar el proceso productivo:
Un agricultor posee una pequeña porción de tierra que cultiva para el sustento familiar, también tiene algunos animales que le proporcionan leche, carne, huevos y lana con la que fabrica su ropa. Fruto de su labor obtiene una serie de productos que puede intercambiar con sus semejantes para satisfacer sus necesidades. De la misma manera el herrero forja el hierro, el carpintero trabaja la madera y así podríamos enumerar a muchas más personas con distintas actividades laborales que pueden relacionarse entre ellas para intercambiar sus bienes y servicios. En este modelo ideal podríamos prescindir de la utilización del dinero.
Y así funcionó durante siglos, estos bienes se trocaban sin más, luego comenzaron a utilizarse elementos de valor en los intercambios como la sal (de allí viene el término salario), también el oro que duró hasta hace pocas décadas y no hace mucho que utilizamos el papel moneda y recientemente el dinero electrónico.
Siempre el valor relativo de estos instrumentos de cambio estuvieron subordinados a la relación del trabajo y de las manufacturas en cuestión, los bienes escasos y los elementos preciados por todos siempre fueron más valorados.
A la relación entre el trabajo y el bien de consumo se le atribuía un valor monetario simbólico basado exclusivamente en la confianza, ya que un simple papelito pintado no tiene ningún valor real, a no ser que entre todos se lo otorguemos.
Hasta la década de los setenta del siglo pasado el dinero circulante debía tener un respaldo equivalente en reservas de oro, fue durante la presidencia de Nixon, en medio de la primera gran crisis del petróleo, cuando se decidió quitar ese respaldo y entonces comenzó el “Viva la Pepa”.
Hoy en día que el círculo del dinero encierra todas las actividades del ser humano es cuando se ha degenerado más aún esta relación. El dinero se ha convertido en el bien más preciado, no respeta ninguna relación con el trabajo ni con el esfuerzo de quienes lo llevan a cabo.
Un pan, un litro de leche, una silla, un libro, un poema, un descubrimiento científico, día a día se van depreciando frente al valor del dinero, que podríamos definir como un valor absoluto, ya que ha perdido toda relación con los bienes reales.
Lo paradójico del caso es que necesitamos pan para comer, ropa para vestirnos, sillas para sentarnos, poemas para emocionarnos, ciencia para progresar y el dinero es una convención aceptada por todos de la cual podríamos prescindir, aunque sería muy complejo, podríamos volver al trueque para relacionarnos comercialmente (los bancos de tiempo son una idea novedosa e interesante que apuntan en ese sentido).
Nosotros que nos sentimos orgullosos de nuestros sistemas democráticos en los que vivimos, me pueden decir ¿cuándo se han puesto a decisión general estos sistemas monetarios que condicionan las vidas de todos?, ¿por qué no se pueden modificar?, ¿qué dios establece el valor del dinero en la tierra?
Nuestro flamante ministro de economía acaba de decir que el eje central de la recuperación económica española pasa por la reforma laboral y uno de los puntos cruciales de la misma es que los salarios estén sujetos a la productividad y rentabilidad de las empresas y no al índice de inflación. Esto quiere decir que el valor del trabajo puede depreciarse año a año con respecto al valor del dinero, eso es a lo que llaman “competitividad”.
El dinero por sí solo no genera riqueza, los beneficios que las operaciones financieras producen a quienes las realizan salen del trabajo de miles de personas que ven como sus labores se hacen cada vez menos rentables.
Lo verdaderamente incompetente e improductivo es que un señor gane montañas de dinero por mover dinero de un lugar a otro.
Las reglas de este mercado financiero son un truco muy bien elaborado de ilusionismo puro y duro, no hay magia, el dinero no se inventa, no crece en árboles encantados, ni llueve del cielo. Hay que generarlo. Todo lo que cobran en concepto de beneficios se lo están quitando a quienes trabajan cada día más para llegar a fin de mes.
Esta crisis está inducida por los que controla el flujo de capitales en este mundo globalizado, lamentablemente les hemos permitido concentrar demasiado poder.
Las matemáticas que manejan estos economistas no son exactas, siempre producen números negativos, es por eso que las llamo “las matemáticas del engaño”.
Pablo Guiducci
Redacción
Diario de la Sierra
pabloguiducci@diariodelasierra.es












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