La Columna del Jueves
July 5, 2012 Por Redaccion

La “vuelta al cole” del barrendero Bob Esponja. El pasado 11 de junio el barrendero que cantaba a los niños Bob Esponja ha vuelto a pasar por la verja del colegio Las Tablas-Valverde de Madrid. El operario de limpieza saltó a la fama tras la publicación en YouTube de un vídeo con una actuación suya. Al día siguiente, las cámaras de televisión se agolpaban a la puerta del colegio para grabar en vivo su representación ante los niños. El barrendero, temeroso de que su empresa (FCC) malinterpretara lo ocurrido, cambió el turno y la ruta para evitar el contacto con los medios.
A las pocas horas, la compañía comunicó públicamente su conformidad con la actitud positiva del empleado. El barrendero regresó entonces a su trayecto habitual. Ese mismo día, a las 11, los niños volvieron a correr hacia la verja para cantar con él, como habían hecho hasta la semana anterior, la canción de Bob Esponja.
-Tuvo problemas por ser ingenuo, que lo era ““pensarán unos. Y porque la gente no era capaz de darse cuenta de que una persona libre puede hacer lo que considere conveniente en cada caso -dirán otros.
Una persona con verdadera personalidad ““escribió Oscar Wilde- crece naturalmente, como una flor o un árbol. No entra en discordias. No discute o pelea. No necesita demostrar nada. No tiene nada y al mismo tiempo lo tiene todo. Por mucho que se tome de esa persona, su riqueza no se ve menguada. No se entromete en la vida de otros ni les pide que sean como ella. Ama a los demás porque son lo que son y aunque no se entrometa en su vida, nunca niega su ayuda a nadie. Como todo lo que es bello, ayuda sólo con ser como es.
-”Yo, como Don Quijote ““decía Voltaire-, me invento pasiones para ejercitarme”. Don Quijote es hidalgo cincuentón. Decide dar un salto cualitativo y cambiar la “realidad” de los libros por la “irrealidad” de la pasión y de la aventura, para él más palpitante y vibrante que lo única y meramente escrito. Voltaire veía que el hombre en su madurez o da ese salto cualitativo o le “coge ya la postura” a la vida. Puede que el hombre que no haga esa revolución interior, que no se atreva a reinventarse, a correr el riesgo de saltar hacia adelante, sea absorbido por la naturaleza de las cosas. Si te atreves, llegará un momento en el que verás un gran abismo frente a ti. Sáltalo, ni es tan grande ni tan insalvable como parece. No busques el camino lejos, él siempre está a tus pies.
Lo que de verdad necesitamos ““escribió Viktor Frankl, superviviente de cinco campos de concentración- es un cambio radical en nuestra actitud frente a la vida. Debemos aprender por nosotros mismos y también enseñar a los hombres desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida sino que la vida espere algo de nosotros. Dejemos de preguntarnos sobre el sentido de la vida. En cambio pensemos en lo que la existencia nos reclama continua e incesantemente. Y respondamos no con palabras ni con meditaciones sino con valor, conducta y hechos.
Buckminster Fuller habla del “efecto precesional” como de una consecuencia, fruto de vivir una pasión, de servir a una causa mayor que uno mismo. Ilustra la “precesión” con el ejemplo de la abeja, cuyo objetivo primero es el néctar para fabricar la miel. Sucede que al ir a buscarlo, participa sin saberlo de un proceso mayor del cual no es consciente. Al ir volando de flor en flor en busca del néctar, va recogiendo el polen con las alas y acaba polinizando todas las plantas. Es un efecto secundario, no buscado. Buckminster Fuller concluye que cuando uno escucha su llamada interior y se pone en marcha en la dirección que define, crea sin saberlo, efectos precesionales colaterales que acaban siendo más importantes que la razón por la que nos pusimos en marcha. Uno empieza responsabilizándose completamente de su vida y de sus circunstancias, y ve cómo las oportunidades empiezan a presentarse y a manifestarse. Y muchos, colateralmente (inevitablemente), se benefician de ello.
Germán González Andrés
Formador Empresarial Independiente













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Especialmente positivo este Jueves Germán. SI, venga…
Gracias por hacer posible que (al menos durante tres minutos que es el tiempo que se tarda en leer la columna del jueves) podamos cambiar el foco; podamos concentrarnos en algo distino a la crisis de cada día, con la que desayunamos, comemos y cenamos, en esa especie de cisma colectivo que todo lo inunda. El no tener esperanza, nuestro lenguaje, nuestra manera de interpretar la realidad y pasarse todo el tiempo viendo los noticieros, tal vez sea peor que la propia crisis. Gracias por el aire fresco, por hacernos pensar, por la pequeña diferencia que a medio plazo significará la gran diferencia.
Ideas para mejrar lo que puede mejorarse. Una pedagogía amable del ser.