Los soles que calientan de noche
July 8, 2012 Por Redaccion
Una experiencia cercana y personal que ayudó a fortalecer mi convicciones y respeto hacia las enfermeras, esos seres que pasan a veces desapercibidos en el ámbito de la salud, pues casi todo el mundo apela al galeno de cabecera o al especialista en distintos casos de emergencia, desconociendo -muchas veces livianamente- el rol profesional de la enfermería.
Un rol que, desgraciadamente, está desvalorizado o devaluado de su real consistencia deontológica, de un lado porque -ambulatorios u hospitalizados- todos los pacientes preferentemente quieren la consulta con “el doctor”, desconociendo la misión de intermediaria de aquellas, y otras porque ellas cargan con un injusto y penoso lastre prejuicioso que viene de los tiempos de las grandes guerras y que se continúa en la dinámica contemporánea de los hospitales y clínicas de las ciudades de todo el mundo.
Muchachas jóvenes, señoras maduras, y hasta personas de la tercera edad que continúan a sus años en su puesto de trabajo, impecablemente vestidas de guardapolvos o ambos blancos son un engranaje extremadamente valioso en toda la mecánica diaria de la prestación de la salud. Pensemos por un momento en las madrugadas invernales de los grandes hospitales, que albergan a pacientes quirurgizados o con dolencias de la más diversa etiología. Los médicos de guardia generalmente duermen o cabecean un sueñito liviano prestos a cualquier llamado de urgencia, tras la afanosa jornada diurna. Las enfermeras no. Deambulan de un lado a otro por interminables pasillos, atendiendo una queja aquí un llamado allá, un timbre de socorro acullá, e invariablemente con su mejor temple, una sonrisa o una caricia cariñosa, un consejo o una admonición liviana, un analgésico, un calmante o un tranquilizante, velan por el debido reposo de todas las personas a su cargo. Pareciera que no se cansan nunca, hasta terminar su turno.
Resulta, pues, atinente, bucear un poco en la historia de esta extremadamente oblativa profesión. El rol de la enfermería es el cuidado de la salud del ser humano y se orienta básicamente al diagnóstico y tratamiento de los problemas de salud reales o potenciales. El singular enfoque del enfermero se centra en el estudio de la respuesta del individuo o del grupo a un problema de salud real o potencial, y, desde otra perspectiva, como complemento o suplencia de la necesidad de todo ser humano de cuidarse a sí mismo desde los puntos de vista biopsicosocial y holístico.También recibe ese nombre la profesión que, fundamentada en dicha ciencia, asiste primariamente los retos ante una situación compleja y el cómo actuar ante dicha situación.
Es el sistema de la práctica de la enfermería el que proporciona el mecanismo por el que el profesional de enfermería utiliza sus opiniones, conocimientos y habilidades para diagnosticar y tratar la respuesta del paciente ante los problemas reales o potenciales de la salud. Según el Consejo Internacional de Enfermeras, la enfermería se define del siguiente modo: “La enfermería abarca los cuidados, autónomos y en colaboración, que se prestan a las personas de todas las edades, familias, grupos y comunidades, enfermos o sanos, en todos los contextos, e incluye la promoción de la salud, la prevención de la enfermedad, y los cuidados de los enfermos, discapacitados, y personas moribundas. Funciones esenciales de la enfermería son la defensa, el fomento de un entorno seguro, la investigación, la participación en la política de salud y en la gestión de los pacientes y los sistemas de salud, y la formación”.
La Asociación Norteamericana de Enfermeras declara desde 1980 en un documento denominado “Nursing: A Social Policy Statement” que la enfermería es “el diagnóstico y tratamiento de las respuestas humanas ante problemas de salud reales o potenciales”. La anterior definición ha sido ampliada o adaptada como la que propone la Facultad de Enfermería de la Universidad de Moscú, en Rusia, “ciencia o disciplina que se encarga del estudio de las respuestas reales o potenciales de la persona, familia o comunidad tanto sana como enferma en los aspectos biológico, psicológico, social y espiritual”.
La primera teoría de enfermería nace con Florence Nightingale, y a partir de allí nacen nuevos modelos cada uno de los cuales aporta una filosofía de entender la enfermería y el cuidado. Las enfermeras comenzaron a centrar su atención en la adquisición de conocimientos técnicos que les eran delegados, y con la publicación del libro “Notas de Enfermería” de Florence Nightingale en 1852 se sentó la base de la enfermería profesional en 1991.
La enfermería también es una profesión de titulación universitaria que se dedica al cuidado integral del individuo, la familia y la comunidad en todas las etapas del ciclo vital y en sus procesos de desarrollo. En España y Colombia existe otra profesión dentro de la enfermería cuyas funciones complementan la labor de los enfermeros: el titulado técnico en cuidados auxiliares de enfermería, más conocido como auxiliar de enfermería.
La vocación de servicio, la sensibilidad humana y social, la capacidad de interactuar con los seres humanos, en diferentes grupos sociales y de diversas edades, la capacidad de tomar decisiones de manera asertiva, y afinidad por las ciencias de la salud son los rasgos que caracterizan la valía de un enfermero jefe. Además debe ser una persona estable, sensata, respetuosa, lógica, asertiva, estudiosa y laboriosa. Un enfermero puede ejercer diferentes funciones y abarca de forma independiente diferentes campos como la asistencia, la administración, investigación, docencia, y labor social, entre otros. El profesional de enfermería tiene una visión reformadora, tendente a cambiar de forma preventiva los aspectos y contornos de la sociedad, transformándola y convirtiéndola en una sociedad sana en todos los ámbitos.
De igual modo que en España, también existe la figura del enfermero auxiliar (Auxiliar de Enfermería), aunque con diferentes funciones. Este grupo lo constituyen aquellos trabajadores que han recibido una formación básica en Enfermería, los cuales realizan tareas como curaciones o limpiezas bajo la supervisión de un jefe. Muchas de las variadas obligaciones del personal auxiliar de enfermería son de naturaleza técnica, desde la toma de la presión arterial al manejo de sistemas de soporte vital en unidades de cuidados intensivos, pero siempre bajo la supervisión de un enfermero jefe. Además, el personal de enfermería en general debe ser maestro, consejero y administrador, preocupado por la promoción y mantenimiento de la salud de los pacientes, así como por proporcionar los cuidados necesarios cuando éstos se encuentran enfermos. El personal auxiliar de enfermería tiene funciones dependientes e independientes. Las primeras son aquellas que deben ser llevadas a cabo bajo las órdenes de un médico y un enfermero jefe, e incluyen actividades como las de administrar medicación, vendar y curar heridas. Las funciones independientes son aquellas que el personal de enfermería lleva a cabo bajo su propio juicio profesional. Entre estas obligaciones se incluyen el lavado de los enfermos, las posturas de los pacientes para prevenir contracturas articulares, la educación a los pacientes para que aprendan a curarse ellos mismos y la asesoría nutricional.
En la Segunda Guerra Mundial, y aquí cobra relieve lo que señalamos en la cabecera de esta nota, la enfermería adquirió mayor importancia y relieve. En los últimos días de la guerra un artículo de Bixler y Bixler en la revista American Journal of Nursing valoraba la enfermería como una profesión. Los siete criterios para una profesión identificados por estos autores eran aplicables a la enfermería de la forma en que se practicaba en ese momento y justificaban la consideración de la enfermería como profesión. Bixler y Bixler revisaron sus criterios y el nivel profesional de la enfermería 14 años después y observaron que ambos continuaban siendo válidos.
Aquellas primigenias enfermeras cuidaban a los soldados heridos o moribundos, administrándoles las medicinas que existían entonces, vendando sus heridas, limpiando e higienizando sus laceraciones. Obviamente ese trato cotidiano y la caritativa abnegación que éstas desplegaban llegó en infinidad de casos en que también satisficieran -en un acto de entrega al prójimo invalorable- las necesidades instintuales y fisiológicas de los combatientes malheridos, por lo que en el acto se les enrrostró el injusto y penoso mote de poco menos que prostitutas, que aún perdura en la medicina contemporánea.
Obviamente en que el trato y la camaradería diaria entre médicos y enfermeras desembocan en no pocos casos en una familiaridad extrema, que lleva a éstas y también al personal femenino y administrativo de clínicas y hospitales a establecer una relación más que amistosa con unas y otras. Para decirlo en forma más explícita, en amoríos y relaciones sexuales. Muchas veces, hurgando en el entramado psicológico de estas relaciones, puede advertirse en unos una actitud de extorsión o sometimiento y en otras una humillación a la que adscriben conscientemente con tal de no perder sus puestos de trabajo.
Pero de allí a la generalización hay una grosera, injusta y maliciosa lectura de la realidad. Este contundente aserto lo reafirmamos con nuestra propia experiencia personal. Estos “soles que calientan de noche” nos han brindado abrigo y protección, cariño y protección. Nos han fortalecido con su aliento y sus armoniosas risas y comentarios. Hoy, a muchas de ellas, diría que por lo menos a medio centenar, yo en persona puedo decirles, como hombre mayor: “Les he entregado mi corazón y jamás las olvidaré”.
Domingo Schiavoni
Director
Periodista, escritor y docente universitario de Comunicación Social
domingoschiavoni@diariodelasierra.es













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